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Reforestación y el dilema de la fauna

Los campos de reforestación son un punto de utilidad importante que proveen de diferentes tipos de producción según el tipo de árboles o arbustos que se estén cuidando, siendo la producción de frutas y el de madera los más común cuando se trata de establecer un área a reforestar, todo eso sin contar el impacto local de este tipo de práctica ocasiona con el paso del tiempo, como la creación de microclimas y el aporte de nutrientes que se aporta por la materia orgánica de los árboles que poco a poco van creciendo. Pero este tipo de proyectos en los que se emplea la reforestación pasa muchas veces por algunas dificultades que, aunque no lo parezca, tienden a ser causados por el mismo entorno en el que se encuentran; para ser más precisos: la fauna misma del lugar. ¿Cómo es eso posible? Los lugares dedicados a la práctica de la reforestación se deben ver como un cultivo al que se le puede sacar provecho si se cuida y se toman las medidas necesarias para que este progrese. En el área en la que se llevara a cabo la reforestación se plantaran las plantas destinadas a dicho fin, por lo que durante su proceso de crecimiento pasaran por un cuidado periódico en el que pueden suceder algunos percances como ataques de plantas de insectos, problemas de salud ocasionados por hongos y bacterias, clima hostil, ataque de animales, este último que es el que interesa en este artículo suele ser el más común y el más problemático en las actividades de reforestación.  Cuando se habla de fauna, se habla de todo aquel conjunto de animales perteneciente a un área geográfica regional, en la que conviven en equilibrio según una serie de factores que se presentan en este. Los cambios en el hábitat de una fauna suelen llevar a que se produzca el desplazamiento de dicha fauna en busca de un mejor refugio o de alimento, lo que suele suceder en bosques cuando son deforestados y posteriormente reforestados. Al cabo del tiempo algunos animales tienden a ver los nuevos retoños de las plantas plantadas como un recurso fácil de alimento, marcando el área como su territorio y causando daños en los tallos y cortezas de las plantas jóvenes, lo que resulta en un problema que en ocasiones puede ser insostenible en varios lugares del mundo en los que se intenta reforestar a causa de las leyes y normas de protección de fauna.  Animales como los ciervos, los conejos y el corzo suelen ser los que más dan problemas a los campos de reforestación, siendo el conejo el más problemático a causa de su gran numero y gran capacidad de reproducción. Existen otros tipos de animales que pueden causar problemas al área a reforestar según al hábitat en el que habitan. Cuando se tratan con conejos, lo primero que hay que tener en cuenta es que estos animalitos buscan los tallos tiernos y jóvenes de los árboles, así como también daño a las cortezas, ocasionando un daño grave y casi siempre irreversible, por lo que existen varios métodos para evitar el ingreso y ataque de conejos o liebres como por ejemplo el uso de repelentes, que ha demostrado ser una forma eficaz de mantener a raya a estos orejudos animales. Pero el uso de repelentes o pesticidas tiende a ser muy costoso ya que se debe colocar periódicamente alrededor del área a proteger, además de que se corre el riego de contaminar el área a causa de los agentes químicos de estos productos. La práctica de la caza o el uso de trampas también es usada, pero en varias zonas la caza de la fauna está prohibida, y en muchos lugares el uso de trampas o similares es completamente ilegal.   La instalación de cercos (en especial los de madera) es otra opción que se puede usar para evitar el ingreso de conejos, liebres u otros animales similares, pero respecto a esta herramienta no muchas veces se tiene en cuenta que ellos pueden cavar y pasar por debajo de la cerca, o incluso en algunos casos saltar el cerco mismo si este no es lo suficientemente alto como para evitar el acceso por esa parte. Puede suceder que el cerco se venga abajo si se está tratando con una población considerablemente grande de conejos, siendo estos los causantes de dicho colapso a causa de los constantes agujeros que van dejando debajo del cerco. También hay que tener en cuenta que los cercos, si son de madera, se irán desgastando con el tiempo tanto por el factor climático como por el roer de los conejos. Con las alambradas de metal sucederá lo mismo, eso sin contar que son costosas, antiestéticas y en muchas ocasiones complicadas de instalar y de remover cuando el momento lo amerita; estas son mucho más resistentes ante el roer de las liebres y los conejos, pero no lo son tanto ante la humedad, la lluvia y el sol directo que recibirán, degradándola y sufriendo los efectos de la oxidación, llevando a removerla y reemplazarla por una nueva. El uso de mallas de plástico de polipropileno es una de las opciones que más uso tiene cuando de campos de reforestación se trata, ya sea para cerca el área en cuestión o para proteger directamente la planta y la corteza en sí. Pero, aunque existe gran variedad de lo que se conoce en el mercado como o malla anti conejos, se ha visto que no se usan las adecuadas o se emplean de forma errónea.  Cuando se encuentran daños en el área a reforestar causados por la fauna circundante, se debe primero determinar cuál de los posibles causantes es el verdadero responsable, ya que si al encontrar daños en los tallos, plantas o cortezas se asume de buenas a primera que se trata de un animal en particular sin conocer a fondo que realmente es el, entonces se emplearán medidas de protección que contra el verdadero responsable serán infectivas. Como se comentó anteriormente, una cerca puede caer a causa de los agujeros que los conejos y liebres hacer bajo dicha cerca; esto sucede no porque no se cavó lo suficientemente profundo para evitar el posible paso de estos animales por vía subterránea s no porque se asumió que era otro tipo de animal. Una técnica básica ante el ataque de conejos y liebres es que al cavar (por lo menos entre los 30 y 40 cm de profundidad) para instalar el método de protección contra estos animales, se deje un pliegue que haga pensar al animal en cuestión que el cerco no se acaba. Hay que recordar que esta especie de animales suele cavar profundas madrigueras por lo que, si se encuentra en determinado punto que el cerco en cuestión acaba pues, seguirá cavando. Al realizar el pliegue necesario (se suele usar el pliegue hacia afuera en forma de L) cuando el conejo llegue al fondo se topará con una especie de “suelo” que no podrá pasar. Si anteriormente se asumió que otro animal diferente al conejo o la liebre es el causante de daños a campo a reforestar entonces se asumirán otro tipo de medidas que no funcionarán contra el verdadero responsable como se acaba de ver con el pliego a los treinta o cuarenta centímetros de profundidad al instalar una cerca. Ahora, lo anterior mencionado se refiere a la protección en general de todo el conjunto de árboles y plantas dentro del área determinada. Pero esa no es la única protección que existe para la reforestación. También existe lo que se conoce como protección individual que no es otra cosa que brindarle la protección necesaria al árbol o planta en cuestión, pero con un tipo de cerco que solo protegerá a un único individuo. Con este tipo de protección hay que tener más cuidado al momento de implementarlas ya que, aquí, como en el caso del cercado general con alambradas o cercos de madera, si no se conoce con exactitud el animal causante de los daños en cuestión, entonces el ataque del verdadero responsable será letal e irreversible. También hay que incluir que, aunque se sepa el causante del daño, los protectores individuales se escogen por dos factores: el primero ya ha sido expuesto y es el tipo de animal que ataca al árbol. El segundo factor es el tipo de árbol o planta que se va a cuidar. Puede conseguirse con el caso que compra una malla contra conejos o protector individual económico que protege contra estos animales, pero el tipo de planta crece mucho más rápido y se expande más que otras especies por lo que el protector apenas y servirá para una pequeña temporada. La malla contra conejos usada como protector individual es del tipo protector “total” que sirve para proteger tanto la corteza como las hojas del árbol. Los conejos y las liebres sueles dañar las cortezas de los arboles a causa del constante roer en la base del árbol o la zona elegida por estos peludos animales, lo que ocasiona que el árbol en cuestión se seque y muera, sobre todo cuando se trata de árboles jóvenes y pequeños retoños. La protección total se extiende también a cubrir las hojas y mantenerlas alejadas del alcance de los conejos. Uno de los nombres con el que se suele conocer este tipo de malla contra conejos y liebres es el de “malla de gran luz” o “malla de plástico de gran luz”. El uso de los dos tipos protección suele ser recomendable para brindar la máxima seguridad posible ya que, si el cercado general falla, la protección individual puede brindar otra barrera de defensa ante el ataque de la fauna. Pero, estas protecciones (que son altamente necesarias) suelen tener sus inconvenientes, sobre todo en grandes extensiones de terreno. Por ejemplo, los cercos y alambradas de toda el área conllevan a una revisión periódica en busca de puntos por los que haya habido algún tipo de acceso o daños, así como también la búsqueda de animales que hayan podido pasar, pero no salir. Con las protecciones individuales, el coste puede llegar a ser realmente elevado si se trata de extensiones muy grandes, además de que puede ocasionar que la misma malla contra conejos ocasione riesgos de deformación o daños en el árbol si no se coloca bien o no se revisa de forma periódica. A todo esto, hay que sumarle que no siempre los productos adquiridos son de calidad, lo que conlleva a que la malla contra conejos en si se degrade mucho antes de los planeado, por lo que se contara con un gasto adicional y con una posible pérdida de protección del árbol mientras no se reponga el material en cuestión. En resumidas cuentas, la reforestación lleva un proceso cuidadoso de protección en el que diversos factores se deben tomar en cuenta, en especial el factor de la fauna, que suele ser un problema por las protecciones y regulaciones que mantienen protegida a esta, atando de manos en muchas ocasiones a quienes tratan de frenar el continuo avance a las plantaciones de reforestación. Las protecciones tanto generales (de toda el área a reforestar) lleva su forma de instalación según al tipo de fauna del lugar, implementado cercas, laminas o alambrados y protección individual según determinado grupo de animales como, por ejemplo, los conejos y las liebres. Lo expuesto en este artículo es una breve idea general para ayudarle a entender un poco más sobre que tener en cuenta si presenta problemas con la fauna en una zona a reforestar como lo pueden ser, por ejemplo, los conejos, y que herramientas usar como la conocida   malla contra conejos.

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