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La práctica de la reforestación

como proteger las plantas y retoños durante su crecimiento

Sin lugar a dudas en la actualidad el tema de la reforestación ha creado un fuerte impacto entre la opinión de la gran mayoría de las personas. A medida que el número de habitantes en el mundo se expande, se hace notar la falta de una vez aquellos grandes espacios verdes y boscosos que ahora son un entorno de viviendas para albergar a más gente, o entornos que ahora sirven para la producción de la industria ganadera o maderera. Hoy en día el impacto de la tala desmedida ha hecho una mella profunda en diversos puntos alrededor del mundo, siendo los más graves la destrucción de hábitats y ecosistemas y grandes inundaciones. Las dos grandes causas de la deforestación son los desastres naturales y la explotación por parte de las industrias madereras, agrícolas y también de planificación urbana, pero, aunque sea difícil para algunos aceptarlo, gran parte de este problema es causado por la mano del hombre. Por suerte ha existido a lo largo de los años la práctica de la reforestación, medida que ayuda a regenerar aquellos bosques talados en exceso por medio de la plantación y cuidado de nuevos árboles, dando a esta práctica una nueva oportunidad a aquellas áreas que pueden salvarse de una destrucción segura si se sigue con la deforestación, o regenerar por completo en el transcurrir de los años un área completamente deforestada.  Los beneficios que producen la reforestación son realmente amplios, abarcado desde la producción de oxígeno hasta la regulación del clima, por lo que en estos días donde parece haber cada vez más indicios de que el clima actúa de forma irregular y de que el aire que respiramos está cada vez más cargado de contaminantes, la reforestación puede dar un punto importante en el cambio de esos y otros desafortunados aspectos. Aunque la reforestación sigue en teoría el concepto de regeneración de un bosque o área verde importantes existen variantes de esta práctica empleadas según sea el caso, siendo seguramente el de la plantación de nuevos árboles el más conocido, pero esa es solo una de las facetas de la reforestación, existiendo en conjunto otras formas de esta práctica como la protección de plantas en reforestación y las plantaciones de tipo agroforestales. También hay que saber que no solo el proceso de la reforestación se lleva a cabo en grandes extensiones de terreno, sino que también puede llevarse a cabo en pequeños entornos rurales o incuso en espacios urbanos como las escuelas, plazas, parques urbanos o áreas de bien común. Pero, como muchas otras cosas, la reforestación no escapa de aquellos problemas que se pueden suceder en un momento u otro. Y es que, como sucede con otros proyectos que involucran la silvicultura, agricultura o similares, la reforestación no escapa a esos problemas tan comunes en esas áreas como los son el hurto, el ataque de plagas tanto de insectos como de aves o roedores, enfermedades por hongos, embates climatológicos, etc., cosa que hace en algunas ocasiones difícil el proceso de reforestación, sobre todo cuando se trata de áreas de gran extensión en las que hay que prestar atención a una cantidad enorme de plantas. Una de los problemas que más asedia a un área a reforestar es el de ataques de animales a los tallos, hojas y cortezas de las plantas y árboles jóvenes. Incluso en las áreas urbanas este problema es el más común, ya que muchos animales encuentran atractivos los suaves tallos de los nuevos brotes, tomándolos como una fuente de alimento, sobre todo aquellas plantas destinadas a dar frutos o semillas, siendo el objetivo principal de las aves y algunos roedores. La corteza de los arboles jóvenes, de árboles a regenerar y cuidar y de algunos arbustos, es el objetivo de otro tipo de animales como los ciervos y los conejos, encontrándose este problema en áreas rurales o en zonas de gran presencia de la fauna del lugar. Que algún animal se adentre en la zona a reforestar puede ser perjudicial para todo el proceso de reforestación ya que no solo se estaría enfrentando el problema de que el animal se coma las plantas o dañe las cortezas, sino que también se puede estar enfrentando al riesgo de que el animal traiga consigo algún tipo de enfermedad o bacterias que afecte a las plantas e inicie algún tipo de epidemia entre las mismas.  Este problema al que a menudo se suelen enfrentar quienes tratan de reforestar una zona, lo enfrentan con la ayuda de cercos de madera, láminas de plástico o alambradas de metal o alambradas eléctricas. Pero este tipo de mecanismo de defensas contra la invasión o intrusión de animales no siempre es efectivo, y se debe a varios factores como el no saber a ciencia cierta qué tipo de fauna es la que está afectando la zona a reforestar, o el no saber cómo instalar apropiadamente dichas defensas. Por un lado, se sabe que no todas la vallas o cercos son efectivos contra todos los animales. Un ejemplo de esto es el caso de los conejos y liebres. Se pueden instalar grandes vallas y cercos para evitar que ingresen animales grandes como los ciervos o el corzo. Incluso pueden evitar la intrusión de personas para evitar el hurto de frutos, semillas o de plantas en crecimiento, pero, ¿Qué pasa con los animales más pequeños? Aunque se coloquen láminas de plástico o madera para formas altos y amplios cercos, hay animales que podrán saltarse esta defensa; y no precisamente “saltarse” en el sentido estricto de la palabra. Por ejemplo, los conejos y liebres pueden atravesar un cerco o alambrado solo con cavar debajo de él hasta conseguir pasar al otro lado. No hay que olvidar que estos animales viven en madrigueras subterráneas que suelen cavar ellos mismos; también se puede dar el caso de que estos animalitos atraviesen algún punto de esta  protección de plantas en reforestación gracias al uso de sus dientes; los dientes de las liebres y los conejos son filosos y duros por lo que si no se revisan los cercos en busca de algún posible punto de acceso o daños ocasionados por el roer que producen estos animales al morder, entonces fácilmente podrán pasar en algún momento por esta supuesta muralla impenetrable. Con respecto a animales más grandes, es necesario una defensa más robusta puesto que el peso de estos animales y fuerza pueden zafar en algún momento un cerco o alambrada mal instalada. Otro modo de lidiar con la fauna del lugar o con animales que han encontrado su lugar en las inmediaciones del lugar a reforestar son los pesticidas. La protección de plantas en reforestación es una tarea que requiere tiempo y dedicación, más si se trata de extensiones verdaderamente grandes a cubrir. Mientras más extenso el terreno a repoblar de árboles, mayor será el logro y objetivo, pero también será mayor el gasto y el mantenimiento que se requiere para dicho logro. La instalación de cercos y alambradas puede llegar a ser muy costoso en extensiones amplias, y si se habla de alambradas eléctricas el costo será muchísimo mayor. Además de esto hay que tener en cuenta que este tipo de instalaciones requieren de una supervisión periódica para dar el mantenimiento adecuado y de cambiarlo cuando sea necesario; si se trata de láminas de plástico o madera hay que planear con antelación el cómo instalarla y por donde se harán los desagües ya que, cuando se trata de láminas, cuando llueve se corre el riesgo de que se inunde la zona a reforestar o de que se hagan pozos de aguas, ocasionando que se ahoguen las plantas más pequeñas o que se generen enfermedades a causa del estancamiento del agua o por la humedad. Los pesticidas pueden ser otra forma de protección de plantas en reforestación, pero debe tener en cuenta que los pesticidas pueden causar contaminación en el suelo o en la misma planta a causa de alguno de sus agentes químicos. ¿Qué otros mecanismos de defensa existen para la protección de plantas en reforestación? ¿Qué pasa cuando algún animal logra ingresar a la zona a reforestar? ¿Qué sucede cuando se lidia con aves? Cuando la defensa externa falla, existe otra defensa para esta situación y se conoce como la protección individual. ¿En qué consiste este tipo de protección? Como su nombre lo indica, la protección individual es aquella que procura la defensa de un solo individuo ante algún agente hostil externo. En este caso la protección de la planta se lleva a cabo por medio de un protector individual que se enfocara según se requiera. Esta protección de plantas en reforestación puede ser total o parcial, siendo la primera enfocada a proteger la planta desde la raíz hasta el tope por medio de una malla o protector similar, mientras que el protector parcial se enfoca en proteger un área determinada de la planta según el problema con el que se esté tratando; puede enfocarse en protegerse la corteza, las raíces, o el tallo para evitar el daño causado por los dientes de los conejos, liebres y ciervos, o el frotar de los cuernos ciervos contra la corteza. La protección de hojas de las plantas más jóvenes para evitar ser comidas por los anteriores animales mencionados u otros según la fauna circundante del lugar a reforestar. La protección parcial también sirve para evitar que las aves hagan de las suyas con las semillas o frutos de las plantas. Hay quienes emplean la caza y el trampeo como una forma de “protección” en zonas de reforestación, pero esta práctica suele ser ilegal en muchos lugares e incluso penado por la ley. Es importante mantener bajo constante supervisión el área en reforestación para mantener a raya cualquier posible brote de enfermedades o de cualquier problema de tipo sanitario que se pueda dar en las plantas. También es necesaria la revisión periódica de los protectores individuales y de la protección exterior dispuesta en la zona; no estar al tanto de las posibles fallas en la protección de plantas en reforestación (protecciones mal ubicadas, daño producidos por animales, mala instalación, degradación por los efectos climáticos o por el paso del tiempo) puede acarrear problemas a veces, irreparables. Cuando se tratan de protectores individuales, debe tener en cuenta el tipo de planta que va a proteger antes de adquirirlos; muchas veces los clientes se consiguen con que los protectores se incrustan en la corteza de los árboles, causando daños irreparables durante el crecimiento de este; también se encuentran con que el protector a deformado la planta en cuestión. Esto no suele ser problemas del producto, sino que se debe a dos factores. El primero es una mala instalación. El segundo, aplicación del protector a una planta que requiere un protector adecuado. Estos problemas se pueden evitar si se tiene en consideración que hay plantas que crecen más rápido y ampliamente que otras por lo que, no todos los protectores son adecuados para todos los tipos de plantas. La reforestación es una práctica que trae consigo a largo plazo una serie de importantes beneficios que ayudan tanto al ecosistema como a nosotros mismos, ya que los bosques ayudan a la regulación de elementos contaminantes en el aire y en el agua, así como la estabilización climática y la producción de nutrientes esenciales para la tierra. Estos y muchos otros factores y beneficios que puede aportar la reforestación solo se pueden llevar a cabo si el cuidado y preservación de estas áreas se lleva a cabo con cuidado y esfuerzo. 
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